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MAKTUB I Paulo Coelho

Durante un viaje, recibí un fax de mi secretaria. "Esta faltando un ladrillo de vidrio para la reforma de la cocina" – decía ella. "Le envío el proyecto original, es un proyecto que el albañil usará para recompensar la falta". Por un lado, había deseado que mi mujer lo hiciera: filas armoniosas de ladrillos de vidrio, con una abertura para la ventilación. Del otro lado, el proyecto que resolvía la falta de un ladrillo. : un verdadero rompecabezas, donde los cuadrados de vidrio se mezclaban sin cualquier estética. "Compren el ladrillo que falta", escribió mi mujer. Así se hizo. Y el diseño original fue mantenido. Aquella tarde, me quede pensando mucho tiempo en lo ocurrido, cuantas veces, por la falta de un simple ladrillo, desfiguramos totalmente el proyecto original de nuestras vidas.

Un hombre deja la vida mundana y se transforma en un ermitaño. Lejos del centro de decisiones políticas de la época pasa años de su vida intentando preparar el camino para el Mesías. Se define como "una voz que clama en el desierto". En un primer momento, podemos pensar que tal hombre – Juan Bautista – no tenía ninguna influencia en su época. Pero la historia nos muestra lo contrario: su presencia fue fundamental en la vida de Jesús. ¿Cuantas veces nos sentimos como voces que claman el desierto? Nuestras palabras parecen perderse en el viento, nuestros gestos aparentemente no despiertan ninguna reacción. Juan persistió, nos cabe a nosotros hacer lo mismo. Las voces que claman en el desierto son las que escriben la historia de su tiempo.

Un conocido mío, por su capacidad de combinar sueño con la realidad, terminó con serios problemas financieros. Y peor: envolvió a otras personas, perjudicando a gente que no quería herir. Sin poder pagar las deudas que se acumulaban, llegó a pensar en el suicidio. Caminaba por una calle cierta tarde, cuando vio una casa en ruinas. "Aquel predio de allí, soy yo", pensó. En ese momento, sintió un inmenso deseo de reconstruir aquella casa. Descubrió al dueño, encontró la manera de conseguir ladrillos, madera, cemento. Trabajó con amor, sin saber porque ni para que. Pero sentía que su vida personal iba mejorando a medida que la reforma avanzaba. Al cabo de un año, la casa estaba lista. Y sus problemas personales solucionados.

Un amigo comentó con Julio Ribeiro: "Es más complicado organizar una escola do samba que la General Motors. Son cinco mil personas, que asisten puntualmente a los ensayos, aprenden de memoria la letra de sambas complicadísimas, conciben escenografías de Hollywood, confeccionan miles de adornos, organizan a decenas de costureras. Obedecen ciegamente la orden de los fiscales, llegan sin atraso a la concentración, ayudan a empujar los coches alegóricos. Ahí, samban por apenas una hora, y luego lloran si la escuela pierde. "¿Cómo llegan a la precisión de reloj suizo?" Nadie decía nada. Y mi amigo respondió a su propia pregunta: "Porque todos quieren una misma cosa, en este caso, desfilar bien. Cuando se han unido en torno a un mismo objetivo, no hay obstáculo que perturbe".

La vida nos pide constantemente "¡Participa!". La participación es necesaria para nuestra alegría, pero también para nuestra protección. Quien se desentiende delante de las barbaridades que ve, está prestándole servicio a la fuerza de las tinieblas, y esto le será cobrado algún día. Hay momentos en que evitamos la lucha, bajo los más diversos pretextos: serenidad, madurez, miedo al ridículo. Vemos la injusticia haciéndose próxima a nosotros, y nos quedamos callados. "No me voy a meter en todas las peleas", explicamos. Esto no existe. Quien recorre un camino espiritual, carga consigo un código de honor que debe ser cumplido. La voz que clama contra lo que está mal siempre es oída por Dios. Si nuestro hermano no tiene más fuerzas para reclamar, es nuestro turno de hacerlo por él.

Volábamos de Nueva York para Chicago, rumbo a un congreso literario. De repente, un joven se pone de pié en el pasillo del avión. "Preciso doce voluntarios" dice. Cada uno deberá llevar una rosa, cuando aterricemos". Varias personas levantaron la mano. Yo también. Más no fui escogido. Pero resolví acompañar al grupo. Descendimos, el joven apuntó a una muchacha en el pasillo del aeropuerto de OHare. Uno a uno, los pasajeros fueron entregando sus rosas a ella. Al final, el muchacho le pidió casamiento enfrente de todos, y ella aceptó. Un comisario de abordo comentó conmigo: "desde que trabajo aquí, fue la cosa más romántica que pasó en este aeropuerto".

En la edad media, las catedrales góticas eran construidas por varias generaciones. Este esfuerzo prolongado ayudaba a los participantes a organizar su pensamiento, agradecer y soñar. Hoy el romanticismo acabó, una construcción es apenas un negocio más. Entre tanto, el deseo de construir permanece. Mucha gente dedica el final de sus vidas para terminar una casa, perfeccionar un jardín, levantar una capilla. También nosotros precisamos ejercer este derecho; si no tenemos una catedral, reconstruiremos nuestro cuarto. Esto nos ayudará a conocer mejor quienes somos. Nos hará modificar una serie de cosas que nos están incomodando. Tanto las iglesias como los hombres sufren del desgaste del tiempo – es por eso que no se pueden detener nunca.

En uno de los momentos más trágicos de la crucifixión, dos ladrones perciben que el hombre que esta moribundo a su lado es el Hijo de Dios. "Señor, acuérdate de mí cuando estés en el Paraíso", dijo un ladrón. "En verdad, estarás hoy conmigo en el Paraíso", responde Jesús, transformando al bandido en el primer santo de la iglesia Católica: San Dimas. No sabemos porque razón Dimas fue condenado a muerte. En la Biblia, él confiesa su culpa, diciendo que fue crucificado por los crímenes que cometió. Supongamos que haya hecho algo tan cruel, tenebroso o suficiente como para terminar de aquella manera, lo mismo así, en los últimos minutos de su existencia, en un acto de fe se redime – y se lo glorifica. Recordemos de este ejemplo cuando, por alguna razón, nos juzgamos incapaces de tener una vida espiritual.

Colin Wilson, hoy un escritor consagrado, describe su tentativa de suicidio a los 16 años: "Entré en el laboratorio de química de la escuela, y tomé la botella de veneno. Coloqué un vaso delante de mí, lo miré bastante, reparé en su color, e imaginé el posible gusto que tendría. Entonces, aproximé el ácido a mi rostro, y sentí su olor; en ese momento, mi mente dio un salto al futuro – y yo podía sentirlo quemando mi garganta, abriendo un agujero en mi estómago. La sensación de los daños causados por el ácido era tan real, que parecía que ya lo había bebido. Fue entonces que tuve la certeza de que no quería eso. Me quede algunos momentos sosteniendo el vaso entre mis manos, saboreando la posibilidad de la muerte, hasta pensar para mí mismo: si soy valiente para matarme, también soy valiente para continuar viviendo."

Un conocido mío, piloto de una compañía aérea de Túnez, comentó: "en la aviación, tenemos un aparato llamado piloto automático, que dirige el avión cuando llega a determinada altura." En la vida de los adultos también existe esto: como nuestras actividades van siendo cada vez más complejas, existe un momento en que precisamos dejar parte de las tareas para el piloto automático. Sucede que este piloto automático, que habíamos criado para cuidar de cosas odiadas, toma vida propia, y comienza a interceptar todo lo que llega hasta nosotros. Su radar está encendido, y siempre mueve nuestro avión para alejarse de las cosas que no conoce. Así, perdemos el sentido de la aventura. Y quien pierde el sentido de la aventura, de cierta manera pierde también el sentido de la vida.

Un amigo mío, Bruno Saint-Cast, trabajaba en una planta de alta tecnología en Europa. Cierta noche se sintió forzado a escribir un texto sobre un viejo amigo de la adolescencia, que había encontrado en Tahití. Aún sabiendo que tendría que despertarse temprano al día siguiente, se sentó en la computadora a las 8 de la noche, y solo consiguió levantarse a las tres de la mañana – después de haber escrito una historia donde ese amigo, John Salmon, hacía un largo viaje desde la Patagonia a Australia. Mientras escribía, tenía una sensación de libertad era muy grande, como si la inspiración brotase sin ninguna interferencia. A la mañana siguiente, recibió una llamada telefónica de su madre: ella acababa de enterarse que John Salmon había muerto.

Seis meses atrás, un nuevo lavarropas exigió que fijásemos un nuevo sistema de canalización en el área de servicio. Nos mudamos, y el piso, y las paredes debieron ser pintadas. Al final, el área estaba más bonita que la cocina. Para evitar el contraste, reformamos la cocina. Solo entonces notamos como la sala estaba vieja. Rehicimos la sala, que termino siendo más acogedora que el escritorio de hace diez años. Rehicimos el escritorio. Poco a poco, la reforma se extendió por la casa entera. Espero que lo que pasó en mi casa, pase también en mi vida. Espero estar abierto para las pequeñas novedades, que ellas siempre me llamen la atención para todo lo que preciso cambiar.

Caminaba con mi editor americano y su mujer, por un parque. Pudimos ver la ciudad de San Francisco a lo largo, iluminada por un sol potente. Sharon escribió un libro sobre un monasterio benedictino, y cuenta que las oraciones de la tarde, llamadas "Vespertinas", son cantos de esperanza para la certeza de que la noche pasará. "Las vespertinas nos indican la necesidad que tenemos de aproximarnos al otro, cuando la noche llega", dijo ella. "Nuestra sociedad aprecia mucho la capacidad que cada uno tiene de lidiar con las propias dificultades. Este individualismo lleva a la desesperación y a la soledad. Fingimos que no nos importa la atención de los otros, mas basta un gesto de cariño y nuestra pose de héroe cae por tierra". "No tengo miedo de depender del prójimo: él también está precisándome a mí".

Aquí está el origen del proverbio: "Mono viejo no mete la mano en la cumbuca" En la India, los cazadores abren un pequeño agujero en un coco, colocan una banana adentro y se esconden. El mono se acerca, toma la banana, pero no consigue sacarla, porque su mano cerrada no pasa por la abertura. En lugar de dejar la fruta, el mono se queda allí luchando contra lo imposible, hasta ser atrapado. Lo mismo pasa en nuestras vidas. La necesidad de tener determinada cosa hace que terminemos prisioneros de ellas. No percibimos que es mejor perder un poco, que perder todo. Permanecemos en la trampa, no abrimos la mano que tiene lo que conseguimos. Nos juzgamos sabios, pero - en lo profundo del corazón- sabemos que es una idiotez obrar así.

El monje Steindl-Rast comenta: "la hija de un amigo me dijo cierto día: "¿padre, no es una sorpresa de que yo exista?" Los niños saben intuitivamente como es de milagrosa la vida. Nosotros también lo sabemos, porque alguna vez fuimos niños, y nuestro lado infantil no morirá nunca. Podemos olvidar la ingenuidad, encerrarla, darle un clima de seriedad y respeto, pero ella continuara existiendo mientras vivamos. Es mejor aceptarla. Cuando aprendemos la lección de nuestros días, precisamos combinar el entusiasmo infantil con la sabiduría de la experiencia. Para esto, es necesario "nacer de nuevo", como diría Jesús. ¿Si hoy fuese el primer día de su vida, que estaría usted haciendo?

¿Que es un profeta? El Filósofo Augusto de Franco define muy bien el arte de la profecía, que está dentro de cada uno de nosotros. Según él, el profeta es capaz de prever una situación determinada, con los ojos de la fe. Cuando profetizamos, no estamos definiendo lo que acontecerá, en verdad, nos estamos posibilitando a nosotros mismos - y a los otros- el escoger un mejor camino. El profeta no adivina. Él estimula la creación de un futuro. Sus oráculos, en lugar de cerrar una posibilidad, nos están previniendo las consecuencias de nuestras actitudes, y abriendo nuevas alternativas. El hombre puede inventar su propio futuro, si opta por seguir su propio camino. Para esto, él precisa liberarse del pasado, y las elecciones que hicieran por él sin consultarlo.

Cuando vemos esculturas en catedrales antiguas, imágenes que nos parecen absurdas, grabados en viejos libros de mitología, notamos que alguna cosa nos parece familiar. Y comprendemos, aún sin entender. Para los pintores y escultores poseídos por la fe, era más importante transmitir un sentimiento que una idea. Dibujaban contrariando los padrones artísticos de la época, y osaban dividir su alma con otros. Aunque llamados ridículos o locos, sus creaciones siguen vivas hasta hoy. No dé la menor importancia a lo que los otros dicen de usted. Nadie mejor que usted mismo para saber sus propias cualidades y limitaciones. Si usted se deja envenenar por la opinión ajena, está perdido.

Un periodista perseguía al escritor francés Albert Camus, queriendo que explicara detalladamente su trabajo. El autor de "La Peste" se negaba: "Yo escribo, y los otros juzgan como lo entienden". Pero el periodista no se resignaba. Cierta tarde, consiguió encontrarlo en un café en París. "La crítica viva encuentra que usted señor nunca aborda un tema profundo", dijo el periodista. "Yo le preguntaría ahora: ¿si tuviese que escribir un libro sobre la sociedad, aceptaría el desafío?" "Claro", respondió Camus. "El libro tendría cien páginas. Noventa y nueve serían en blanco, pues no habría que decir. En el final de la centésima página, escribiría: "El único deber del hombre es amar".

San Agustín escribió que, de la misma manera que una ciudad precisa de leyes para que sus habitantes puedan vivir juntos, el hombre precisa de una única ley, el Amor, para convivir en paz con el mundo espiritual. Otras personas hablaron sobre esta verdad universal: "El verdadero amor no pide recompensa, pero merece una." (San Bernardo de Claivaux). "El amor es Dios, y la muerte significa que una gota de ese amor debe retornar a su fuente" (Tolstoi). "Las verdades del amor son como el océano: transparentes apenas en los lugares superficiales" (Patmore). "Cuando más amamos a alguien, más penetramos en los misterios de todos" (Jalal – Ud –Dim). "Donde existe la posibilidad de odio, existe también la posibilidad de amor, basta hacer una elección" (Tillich).

Es mucho más fácil de juzgar a los otros, cuando no nos colocamos en la misma situación de ellos. Un ejemplo de esto ocurrió en el Congreso del partido Comunista, cuando Nikita Khruschev – para espanto del mundodenunció los crímenes de Stalin. Durante el discurso, alguien gritó: - ¿Dónde estabas, camarada Khruschev, cuando los inocentes eran masacrados?

- Levántese quien dijo esto - pidió Khruschev Nadie se movió. - Usted, quien fuera, ya respondió su pregunta – Continuó Khruschev – En aquel momento, usted estaba en la misma posición en la que está ahora.

En prácticamente todas las religiones y culturas, la tradición de la hospitalidad está presente. En los evangelios, Jesús divide sus dones con hombres y mujeres que lo acogen. En la tradición judía, Lot es salvo al proteger extranjeros que después se revelan ángeles. En el Islam, Mahoma dijo: "Maldita la sociedad que no acepta huéspedes". Todos somos huéspedes de este mundo. Estamos aquí de paso entre una vida y otra, y no podemos cargar con nada además de nuestros buenos gestos. La tradición de hospitalidad no puede morir en nuestras vidas, aunque exista, de vez en cuando, gente que abusa de nuestro abrigo y cariño. Siempre que acogemos a alguien, nos abrimos para la aventura y el misterio.

Vimos a una señora en la esquina de la calle Constante Ramos, en Copacabana. Estaba en una silla de ruedas, perdida en el medio de la multitud. Mi mujer se ofreció para ayudarla, ella agradeció y aceptó, y pidió que la llevase hasta Santa Clara. Algunas bolsas plásticas pendían de la silla de ruedas. En el camino, nos contó que aquellas eran todas sus pertenencias, dormía contra las vidrieras, y vivía de la caridad ajena. Llegamos al lugar indicado. Allí había otros mendigos. La mujer de la silla de ruedas sacó de uno de los plásticos dos paquetes de leche Larga Vida, y se los entregó a ellos. "Hacen caridad conmigo, yo necesito hacer caridad con los otros", fue su comentario.

En el desierto de Mojave, era frecuente encontrarnos con las famosas ciudades – fantasma: construidas cerca de minas de oro, eran abandonadas cuando todo el producto de la tierra había sido extraído. Había cumplido su papel, y no tenía más sentido continuar siendo habitadas. Cuando paseábamos por una floresta, también vimos árboles que – una vez cumplido su papel, terminaban cayendo. Pero, a diferencia de las ciudades –fantasma, ¿qué les sucedería? Abrirán espacio para que la luz penetre, fertilizarán el suelo, y tendrán sus troncos cubiertos de vegetación nueva. Nuestra vejez va a depender de la manera en la que vivimos. Podemos terminar como una ciudad fantasma. O entonces como un generoso árbol, que continúa siendo importante, aún después de su caída a la tierra.

En Japón participé de la conocida "ceremonia del té". Se entra en un pequeño cuarto, el té es servido y nada más. Sólo que todo es hecho con tanto ritual y protocolo, que una práctica cotidiana se transforma en un momento de comunicación con el Universo. El maestro del té, Okakusa Kasuko, explica lo que sucede: "la ceremonia es la adoración de lo bello y de lo simple. Todo se esfuerzo se concentra en la intención de obtener la perfección a través de los gestos imperfectos de la vida cotidiana. Toda su belleza consiste en el respeto con el que es realizada". Si un mero encuentro para beber té nos puede transportar hasta Dios, que se puede decir de las otras oportunidades que acontecen todo el día, y no nos damos cuenta.

Un aprendiz de ocultismo que conocí, con la esperanza de impresionar bien a su maestro, leyó algunos manuales de magia y resolvió comprar los materiales indicados en los textos. Con mucha dificultad, consiguió determinado tipo de incienso, algunos talismanes, una estructura de madera con caracteres sagrados escritos en un orden determinado. Viendo esto, el maestro comentó: "¿Tú crees que, enrollándote cables de computadora al cuello, conseguirás tener la sabiduría de la máquina?".¿ Aseguras que, al comprar sombreros y ropas sofisticadas, vas adquirir también el buen gusto y la sofisticación de quien las creó?" Los objetos pueden ser tus aliados, pero no contienen en ellos mismos ningún tipo de conocimiento. "Practica primero la devoción y la disciplina, y todo o más te será acrecentado".

Estaba caminando por la playa con mi mujer, cuando de repente escucho a una muchacha diciéndole a otra, de manera convencida: "Yo programé mi vida de la siguiente manera..." Me quedé pensando: ¿ella contó con esas cosas que pasan, justamente cuando no las estamos esperando? ¿Pensó si Dios tal vez tenga un plan diferente, y mucho más interesante? ¿Tomó en serio la hipótesis de que – al incluir a otras personas en su programación – está interfiriendo en ideas y proyectos distintos? "¿Quién puede agregar una tilde o una jota a su historia?", dijo Jesucristo. Tenemos una leyenda personal para vivir. Pero ella se manifiesta aquí y ahora, y no en los planes que hacemos para el futuro. El resto es delirio.

Durante mi viaje a Japón, para promover "El diario de un Mago", pregunté al editor Masao Masuda porque los japoneses conseguían conquistar mercados que antes eran dominados por los Americanos. "Muy Simple", respondió Masuda-san. "Los americanos tienen una idea, se encierran en una sala con investigadores, toman decisiones y gastan una energía inmensa para probar que estaban en lo cierto. Nosotros no queremos probarle nada a nadie: dejamos que cada ser humano manifieste sus necesidades, y procuramos solucionarlas. El resultado práctico es que cada uno termina comprando aquello que ya deseaba antes." Es importante que un guerrero de la luz use esta estrategia en su vida. Quien solo desea demostrar que esta en lo cierto, termina por obrar errado.

Un psiquiatra amigo cuenta que, al contrario de la creencia popular, que atribuye a la oscuridad la capacidad de deprimir a las personas, la mayor parte de los suicidios ocurren de mañana. Es justamente el momento de concordar que el depresivo se ve delante de su mayor dificultad: enfrentar un nuevo día. Esto nos lleva a considerar el viejo dicho árabe: lo peor de todos los pasos es el primero. Cuando estamos listos para una decisión importante, todas las fuerzas se concentran para evitar que sigamos adelante. Ya estamos acostumbrados con esto. Es una vieja ley de la física: quebrar la inercia es difícil. Como no podemos cambiar la física, concentremos una energía extra y conseguiremos dar el primer paso. Después el propio camino ayudará.

Gilberto de Nucci tiene una excelente imagen al respecto de nuestro comportamiento. Según él, los hombres caminan por la faz de la Tierra en fila india, cada uno cargando una alforja al frente y una detrás. En la alforja del frente, nosotros colocamos nuestras cualidades. En la alforja de detrás, guardamos todos nuestros defectos. Por eso, durante el viaje por la vida, mantenemos los ojos fijos en las virtudes que poseemos, apretadas en nuestro pecho. Al mismo tiempo, reparamos impiadosamente, en los sacos de nuestro compañero que está adelante, todos los defectos que él posee. Y nos juzgamos mejores que él, sin percibir que la persona que esta detrás de nosotros está pensando lo mismo respecto de nosotros.

El gran escritor griego, Nikos Kazantzakis ("Zorba, el Griego") cuenta que, cuando niño, reparó en una crisálida adherida a un árbol, donde una mariposa se preparaba para salir. Esperó algún tiempo, pero, como estaba demorando mucho, resolvió acelerar el proceso. Comenzó a calentar la crisálida con su aliento; la mariposa terminó saliendo, pero sus alas aún estaban amarradas, y terminó por morir poco tiempo después. "Era necesaria una paciente maduración hecha por el sol, y yo no supe esperar", dijo Kazantzakis. "Aquel pequeño cadáver es, hasta hoy, uno de los mayores pesos que tengo en la conciencia. Más fue él el que me hizo entender lo que es un verdadero pecado mortal: forzar las grandes leyes del Universo. Es preciso paciencia, aguardar la hora exacta y seguir con confianza el ritmo que Dios escogió para nuestra vida".

Conocí a la pintora Miie Tamaki durante un seminario en Kawaguchiko. Pregunté por lo que pensaba de la religión. "No tengo más religión" ella respondió.

"Fui educada para ser budista. Pero, con el pasar del tiempo, comencé a ver que el camino espiritual es una constante renuncia. Tenemos que superar nuestra envidia, nuestro enojo, nuestras angustias de fe, nuestros deseos. Me fui liberando de todo esto, hasta que un día mi corazón quedó vacío: los pecados se habían retirado, y mi naturaleza humana también". "Durante algún tiempo acepté esto, pero noté que no podía más compatibilizar la vida de vuelta. Fue entonces que dejé la religión. Hoy tengo mis conflictos, mis momentos de rabia y desesperación, pero sé que estoy de nuevo cerca de los hombres, y consecuentemente cerca de Dios".

Jean paseaba con su abuelo por una plaza de París. A determinada altura, vieron a un zapatero siendo maltratado por un cliente, cuyo calzado presentaba un defecto. El zapatero escuchó calmadamente el reclamo, pidió disculpas y prometió arreglar el error. Pararon a tomar un café en un bistró. En la mesa de al lado, el mozo le pidió a un hombre, con apariencia de importante, moviese un poco la silla, para abrir espacio. El hombre irrumpió con un torrente de quejas, y se negó. "¡Nunca olvides lo que viste!", dijo el abuelo. "El zapatero aceptó un reclamo, mientras que este hombre a nuestro lado no quiso moverse. Los hombres útiles, que hacen algo útil, no se preocupan de ser tratados como inútiles. Pero los inútiles siempre se juzgan importantes, y esconden toda su incompetencia detrás de la autoridad".

Miie Tamaki resolvió dejar que todo lo que hacía (era economista) para dedicarse a la pintura. Durante años buscó un maestro adecuado, hasta que encontró una mujer especialista en miniaturas que vivía en el Tibet. Miie dejó Japón y fue para las montañas tibetanas, a aprender lo que precisaba. Pasó a vivir con la profesora, que era extremadamente pobre. Al final del primer año, Miie volvió al Japón por algunos días, y volvió al Tibet con un auto lleno de regalos. Cuando la profesora vio esto, comenzó a llorar, y pidió que Miie no volviera más a su casa, diciendo: " Antes, nuestra relación era de igualdad y amor. Tú tenías techo, comida y pinturas. Ahora, al traerme estos regalos, estableces una diferencia social entre nosotros. Si existe esta diferencia, no puede existir comprensión y entrega".

Creo que gran parte de los lectores asistieron al film "Amadeus": masacrado por la crítica musical de su época, que lo acusaba de superficial, Wolfang Amadeus Mozart se consolaba sabiendo que al público le gustaba y apoyaba su arte. Su última ópera, "La Flauta Mágica", muestra a un Mozart de una ligereza extraordinaria, ignorando por completo la filosofía siniestra que complica la vida. A un amigo, el compositor explicó el porqué de tanta suavidad: "La vida es permanente. Ella no precisa de significados ocultos para mostrar su belleza y su eternidad. Dios no está en la tortura del alma o en las confusiones del pensamiento, pero la capacidad que el hombre tiene, desde los tiempos más remotos, es la de mirar las estrellas y conmoverse".

DEL METRO Terry Dobson viajaba en un metro en Tokio, cuando un borracho entró y comenzó a ofender a todos los pasajeros. Dobson, que estudiaba artes marciales desde hacía algunos años, encaró al hombre: "¿Que es lo que quiere?", preguntó el borracho. Dobson se preparó para atacarlo. En ese momento, un viejito sentado a dos bancos, gritó: "¡Ey!" "¡Voy a golpear al extranjero y después lo golpeo a usted!", dijo el borracho. "Yo también acostumbro beber", dijo el viejo. "Me siento todas las tardes con mi mujer y tomamos Sake. ¿Usted tiene mujer?" El borracho se quedó desconcertado. Respondió: "no tengo mujer, no tengo a nadie, solo tengo vergüenza de mí". El viejo pidió que el borracho se sentase a su lado. Cuando Dobson bajó, el hombre estaba llorando.

Cuando yo me encontraba haciendo el camino de Roma, uno de los cuatro caminos sagrados de mi tradición mágica, me di cuenta, después de casi veinte días prácticamente abandonado, que estaba mucho peor de cuando había comenzado. Con la soledad, comencé a tener sentimientos mezquinos, amargos, pequeños. Busqué a la guía del camino, y le comenté lo sucedido, Le dije que, al iniciar aquella peregrinación, hallé que me aproximaría mas a Dios. Entretanto, después de tantos días, me estaba sintiendo mucho peor. "¡Usted está mejor, no se preocupe!, dijo ella. "En verdad, cuando encendemos la luz de nuestras almas, la primera cosa que vemos sin las telas de araña y el polvo, son nuestros puntos flacos. Mas esta es la oportunidad de corregirlos. Nunca deje que la conciencia de sus flaquezas lo asuste".

A veces somos poseídos por una sensación de tristeza que no conseguimos controlar. No importa el lugar donde estamos, en el trabajo, junto a la persona que amamos, en una fiesta, pero, sin ninguna explicación, el mundo pierde su color, y la vida esconde su magia. En esos momentos – nos dice Karen Casey- nada mejor que mirar para adentro de nosotros mismos. Allí está un niño con miedo, que no sabe bien que está haciendo aquí, porque casi no es oída ni consultada. Vamos a ser tolerantes con este niño. Vamos a dejar que él tome las riendas por cuanto tiempo sea necesario, hasta que se sienta de nuevo amado. En breve, nuestros ojos vuelven a brillar. Y, a partir de allí, si no perdemos mas el contacto con este niño, no perderemos más el sentido de la vida".

Joseph Campbell no dijo: "el primer choque del hombre moderno con el mundo mágico acontece cuando descubre que papá Noel no existe". Campbell, uno de los mayores estudiosos de mitología de nuestros tiempos, no estaba bromeando. Cuando nos damos cuenta que toda la fantasía creada en torno a los presentes de Navidad era apenas el fruto de una tradición, encontramos que todas las tradiciones son iguales. Si Papá Noel no existe, es posible que no exista Dios, el Angel de la Guarda, la Vida después de la muerte. Con miedo de una nueva desilusión, empobrecemos nuestro mundo, y desconfiamos de cualquier milagro. Ya no somos más niños. Podemos convivir con las decepciones inherentes al propio camino espiritual, que, además, este es un camino lleno de decepciones. Pero, quien persiste, llega.

Cuantas veces decimos a alguien: "Uy, hace tiempo que no discuto con fulano". O: "nunca más tuve gripe". Y, de repente, al día siguiente, agarramos una gripe o discutimos con fulano. Entonces concluimos: si hablamos de cosas buenas que suceden con otros, esto trae mala suerte. Nada de eso. En verdad, el Alma del Mundo, antes de cualquier problema, siempre nos muestra cuanto tiempo estuvimos sin odiarnos con determinada cosa. Ella nos quiere decir como la vida también viene siendo generosa en aquel momento, continuará siéndolo, si superamos con bravura el obstáculo. Mantenga las palabras positivas en el aire. Ellas lo van a ayudar a crecer en cualquier dificultad.

Elie Wiesel, premio Nobel de literatura, escribió: "Dios es la sombra del hombre. Así como la sombra repite los movimientos del cuerpo, Dios repite los movimientos del alma". De esta manera, siempre existe una relación entre lo que hacemos y lo que recibimos a cambio. Si somos generosos, la "sombra de Dios" repite los movimientos que hacemos en beneficio de nuestro prójimo, y nos da con generosidad diez veces mayor. Si fuimos crueles, esta nuestra crueldad se refleja en el plano astral, y también retorna. Mucha gente justifica su propia infelicidad, argumentando que está pagando ahora lo que hizo en vidas pasadas. Existen algunos casos en los que esto sucede, y, mismo en estos casos, un verdadero acto de amor apaga cualquier culpa. Debemos concentrarnos en movimientos de armonía, para que la sombra que proyectamos en el mundo espiritual sea siempre un acto de honra a Dios.

El texto es de Leonardo Boff dice: "Captar a Dios es tenerlo en todas las dimensiones de la vida, no apenas en situaciones privilegiadas, como cuando se comulga o se reza. Tener una experiencia de Dios es siempre, andando en la calle, respirando el aire poluído, alegrándose, tomando cerveza, buscando entender un texto que se está estudiando. Dios viene mezclado en todo esto; y cualquier situación es suficientemente buena como para captarlo y decir: "Él está con nosotros". "La clave del místico es intentar ver lo que está por detrás de cada cosa, lo que la constituye y sustenta. No quedar preso de lo superficial, más hacer de todo un símbolo, una señal, un sacramento, una imagen". "Para quien tiene la experiencia de Dios, el mundo es un gran mensaje".

Llego a Madrid a las ocho de la mañana. Me voy a quedar apenas algunas horas, de modo que no sirve el llamar a amigos y marcar algún encuentro. Resuelvo caminar solo por lugares que me son queridos, y termino sentado en un banco del parque del Retiro. "Usted parece que no está aquí", dice un viejo que se me aproxima. "Estoy hace ocho años atrás, en 1986", respondo. "Sentado en este banco con un amigo pintor. Conversando sobre un asunto absurdo: donde tomar clases de danza". "Aproveche esta bendición", dice el viejo. "Pero sepa que un poco de sal da sabor a la comida, y mucha sal corrompe el alimento. Es preciso mucho cuidado con los recuerdos, o usted acabará sin presente para recordar".

Sartre dijo: "el hombre es aquello que decidió que debía ser". A los 20 años, el famoso compositor mexicano Agustín Lara vio naufragar el navío donde viajaba. Durante horas, luchó contra las olas, jurando a Dios que, si llegase a la playa, olvidaría su pasado y comenzaría una nueva vida. Lara llegó a una playa de Tacotlapan, Veracruz. Antes nacido y criado en la ciudad de México, cumplió su juramento, y pasó a decir a todos que Tacotaplan era su tierra natal. En 1968, Lara conmemoró 70 años de vida. Varios periodistas fueron a su fiesta en Tacotaplan, y allí escucharon historias de viejos que habían jugado con Lara en su infancia, de las calles donde hizo sus primeras canciones. En el momento más importante de la fiesta, ¡el intendente de Tacotaplan le dio las llaves de la casa donde nació!.

H. Bloomfield supo que su padre fue hospitalizado de repente: "Mientras viajaba para New York, pensaba que tenía que hacer que esta visita fuese diferente de las demás. Siempre tenía miedo de mostrar mi afecto, siempre quise mantener la misma distancia prudente que mi padre mantenía conmigo. Cuando lo vi en la cama, lleno de tubos, le di un abrazo. Él se sorprendió. "Abrázame también, papá", le pedí. Él me había educado diciendo que un hombre nunca muestra sus sentimientos. Pero insistí. Papá levantó sus brazos y me tocó. Allí estaba yo, pidiendo a mi padre que me mostrase cuanto me quería, aunque ya lo supiese". "Sentí sus manos en mi cabeza, por primera vez, y escuché las palabras que su corazón decía, pero que sus labios jamás habían pronunciado. "Te amo", dijo él. Y a partir del momento en que tuvo el coraje de mostrar su amor, recuperó su voluntad de vivir".

"Maktub" significa: "estaba escrito". En 1991, "El Alquimista" fue ofrecido a Maison Robbert Laffont, una de las tres mayores editoriales francesas. Rechazado. Al año siguiente, nueva oferta: nuevo rechazo. Anne, hija de Laffont, pasaba las vacaciones en Ibiza, cuando ganó una copia del libro en inglés. "¿Porqué no lo editamos?", preguntó a su papá. "Ya fue rechazado dos veces", respondió Laffont. Anne descubrió el motivo: la brasileña encargada de la selección tampoco lo veía favorable, alegando que no era considerado por la crítica. "Pues edítalo", dijo Anne. "Y haré lo mejor por él". Esta semana, con el libro elogiado por la crítica local, y en las listas de los más vendidos de Francia, Anne telefoneó: "Mandele un regalo a la brasileña que rechazó su libro. Hace tres años, hubiera sido apenas un lanzamiento perdido entre medio de otros. Ahora fue un desafío personal mío. ¡Maktub!"

Los lazos de amor crean una relación más fuerte de los que suponemos. J. Rhine y Sara Feather, del laboratorio de Parapsicología de la Universidad de Duke, coleccionaron una serie de casos sobre las más diversas manifestaciones de esta relación, inclusive con los animales. Este es uno de esos casos: Un joven, Hugh Brady, acostumbraba a cuidar de las palomas que vivían cerca de su casa. Cierta vez, encontró a una de estas aves heridas; las curó, alimentó y colocó en la pata derecha una etiqueta con el número 167. Al invierno siguiente, Hugh debió ser operado de emergencia. Mientras se recuperaba, en un hospital lejos de su casa, escuchó algo golpeando la ventana. Pidió a la enfermera que abriese, una paloma entró volando al cuarto, y se posó en el pecho del jovencito. En la pata derecha había una etiqueta con el número 167.

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