Máquinas romanas de serrar pedra

Máquinas romanas de serrar pedra

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Las técnicas y las construcciones de la Ingeniería Romana327 m a h i a eMáquinas de elevación de agua en la mineria romana El ejemplo de los pozos de la mina de Belbio (Irún).

Txomin Ugalde txugalde@uralsan.com

1. Problemas de drenaje de aguas de mina

En el laboreo de minas se generan, en mu- chos casos, problemas derivados de la infiltración de agua. Las redes de galerías, tanto por la profundidad alcanzada como por su desarrollo, son receptoras de agua de infiltración que se transforman en pequeños cauces subterráneos que circulan hacia los puntos de menor cota de la explotación, llegando frecuentemente a anegar parte de los complejos mineros. Este problema se agudiza cuando los filones de mineral descienden por debajo del nivel de los cauces superficiales, haciendo del nivel freático relativo del sistema hidrológico una barrera que necesita soluciones técnicas si se pretende continuar con la explotación minera.

Las necesidades de evacuar el agua al exterior obligan a realizar galerías de drenaje en la cota más baja de la explotación, de modo que el agua circulante por las diferentes galerías confluya en aquella, la cual dirigirá el agua de mina hacia la red hídrica superficial.

Hemos comprobado que este sistema ha servido de solución en pequeños complejos mineros en el coto de Arditurri en Gipuzkoa. Pero incluso en estos casos, y teniendo en cuenta la naturaleza pizarrosa de la roca, se llegan a anegar algunos tramos de galerías lo que obligó a los mineros antiguos a activar sistemas de evacuación de agua, que bien pudieron ser manuales -sin intervención de maquinaria compleja- debido a su pequeña cuantía. El problema se agrava cuando investigamos complejos importantes, donde se combina una extensa red de galerías con una sucesión de niveles de excavación, como consecuencia de la explotación de filones metalíferos que se internan en profundidad. En estos casos ocurre a menudo que las galerías inferiores se encuentren por debajo del nivel freático relativo de la cuenca superficial, por lo que el problema de la evacuación del agua de mina se agrava y la cuantía del caudal hídrico circulante obliga a adoptar medios mecánicos de elevación o soluciones todavía más complejas y costosas como socavones de drenaje, que dirijan el agua subterráneamente río abajo desde las cotas inferiores de las galerías afectadas. Hemos detectado todos estos casos en nuestros recorridos por los vestigios de minería romana en el macizo granítico de Aiako Harria.

Este macizo paleozoico se encuentra situado al norte de la Península Ibérica, entre los territorios Históricos de Gipuzkoa y Navarra, formando parte de las estribaciones occidentales del eje axial de la cadena pirenaica. En alguno de ellos, como en el complejo de Belbio que explotaba galena argentífera y calcopirita, hemos hallado improntas y entalladuras en los pozos verticales que comunican los niveles existentes por debajo de la galería de drenaje, que hemos interpretado como huellas de maquinaria de elevación, dada la similitud de los trabajos con los hallados en excavaciones arqueológicas donde se ha comprobado la existencia de maquinaria con esa función.

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V Congreso de las Obras Públicas Romanas328

2. La minería romana de

Aiako Harria. Historia de las investigaciones

Para este apartado nos hemos basado en los trabajos de Urteaga (2004, 2008) con quien venimos colaborando en las investigaciones de minería romana desde sus inicios en 1983 y con quien compartimos la dirección del proyecto en las últimas fases. Es cierto, como dice Urteaga, que tradicionalmente se ha considerado al territorio de Gipuzkoa, junto con los demás territorios vascos de la vertiente oceánica, un lugar marginal en la órbita del poder romano e, incluso, ajeno a sus influencias. Si bien las propuestas más extremas, las que defienden la resistencia y la impermeabilidad al fenómeno llamado “romanización”, han sido arrinconadas en los últimos años, sigue dominando la percepción de un lugar impenetrable, boscoso, sin presencia urbana y sin las condiciones ecológicas del modelo mediterráneo que podrían justificar su desarrollo en esta etapa. Sin embargo, en el último cuarto de siglo se han producido importantes descubrimientos arqueológicos que están obligando a cambiar los planteamientos sobre la etapa romana en el espacio guipuzcoano. Oiasso es el enclave de mayor trascendencia en las investigaciones arqueológicas; se identificó a finales de los años sesenta del pasado siglo en el casco de Irún. Los estudios sobre esta aglomeración urbana, de unas 12 ha de superficie y plano regular, señalan entre sus aspectos identitarios principales el ser punto de llegada de la vía procedente de Aia1. Recientemente, se ha planteado que Oiasso y su distrito minero pueden vincularse al Vasconum saltus citado por Plinio2.

La consideración de la minería romana ha corrido igual, o parecida, suerte que la aceptación del pasado romano del territorio. Así se observa que los textos del año 18043, donde se da noticia del descubrimiento, relatan una serie importante de testimonios; tan importante que se relacionan en magnitud con los principales cotos romanos de la península ibérica: Cartagena, Río Tinto y las Médulas. Las noticias del descubrimiento fueron aprovechadas por prácticos

Urteaga, M., (2008). “El asentamiento romano de Oiasso (Irún); red viaria, puerto y distrito minero”, en Actas del IV Congreso de las Obras Públicas en la Ciudad Romana, Lugo-Guitiriz, noviembre 2008, p. 303-329

2 Urteaga, M., (en prensa). “El Vasconum Saltus y Oiasso”, en El saltus, ¿concepto geográfico, administrativo o económico? XXVII Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco, Irún, 23 y 24 de julio de 2008.

3 Thalacker, J.G. ( 804): “Noticias y descripción de las grandes explotaciones de unas antiguas minas situadas al pie de los Pirineos y en la provincia de Guipúzcoa”, Variedades de Ciencias, Literatura y Artes, Tomo IV, Madrid, 20 -2 5 y 256-273.

prospectores de minas que, gracias a las informaciones de Thalacker, pudieron reconocer testimonios de minería antigua y, de esta manera, hacerse con concesiones en las que extrajeron las partes de los filones de minerales de plata y cobre no explotadas en época romana, incluso escombreras de estériles y residuos de fundición4. Los historiadores, por su parte, no se hicieron eco de las informaciones hasta un siglo después. Es de resaltar el trabajo publicado por el que fuera ingeniero jefe del coto minero de Arditurri de la Real Compañía Asturiana de Minas, Francisco de Gascué , que cifra entre 1 y 18 km la extensión de las galerías romanas en el coto e incluye una queja acerca de la escasa receptividad del arqueólogo comisionado por la Junta provincial de Monumentos de Guipúzcoa. Nada de lo que le mostraron los técnicos de minas sirvió para avalar el horizonte romano de la minería de Arditurri, por lo que no es de extrañar un episodio posterior -del año 1976- en el que se llegó a tachar de exagerado e imaginativo al relator del primer descubrimiento, el ya citado Juan Guillermo Thalacker6. Según esta nueva propuesta, los descubrimientos que relató, además de exagerados como decíamos, tuvieron lugar en otro marco geográfico cercano. Esta visión, aunque no fue secundada por investigadores como Mitxelena7 o Barandiarán8, acabó calando en el imaginario colectivo y, como consecuencia, la noticia de unas minas romanas importantes cerca de Oiasso ha sido tratada durante mucho tiempo con un toque fabuloso y legendario más que histórico o arqueológico.

En 1983, todavía con el coto minero de Arditurri en activo, comenzaron las exploraciones arqueológicas. De una u otra manera han tenido continuidad hasta el presente, aunque por la dinámica de los trabajos pueden establecerse varias fases de actuación.

La primera comenzó, como decíamos, en el año 1983. En esas fechas se catalogaron 9 galerías romanas9; algunas de ellas situadas en las inmediaciones de los frentes de las canteras a cielo abierto en las que se realizaban, por aquel entonces, los trabajos de explotación. En junio de 1984 se cerró la explotación por falta de viabilidad económica, trasladándose sus

4 Urteaga, M. ( 997): “ Minería romana en Gipuzkoa”, Isturitz, 8, 5 3

5 Gascue, F., ( 908): “Los trabajos mineros romanos de Arditurri (Oyarzun)”, Revista Internacional de Estudios Vascos, t.I, 470.

6 Izaguirre, R., ( 97 ). “Cómo se deforma una figura. Juan Guillermo Thalacker y las minas romanas de Oyarzun”, Munibe, XI, 497-505.

7 Michelena, L. ( 956): “Guipúzcoa en la época romana”, Boletín de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, año XII, 69-94

8 Barandiarán, I. ( 973): “Notas sobre Numismática antigua en Guipúzcoa”, I Semana Internacional de Estudios Vascos, Bilbao, 339-355.

9 Urteaga, M. y Tx. Ugalde ( 986): “Indicios de minería romana en Arditurri (Oyarzun)”, Munibe, XXXVIII, 07- 7.

Las técnicas y las construcciones de la Ingeniería Romana Txomin Ugalde efectivos a las minas de Reocín, en Torrelavega (Cantabria); sin embargo, los meses transcurridos entre el descubrimiento y el cierre se saldaron con la destrucción de 4 galerías en el frente de la cantera de Santa Bárbara.

Esta primera “campaña” de prospecciones mineras se completó con exploraciones en otros cotos mineros abandonados del entorno. Tomando como modelo los ejemplos registrados en Arditurri se visitaron antiguas explotaciones en término de Irún, reconociéndose nuevos testimonios en Altamira, Zubeltzu, Olakineta y Belbio. El conjunto, a finales del año 1987, incluía 2 unidades de minería romana10.

La siguiente fase de trabajos arqueológicos mineros no se inició hasta el año 1996. Durante ese tiempo, los arqueólogos se centraron en el estudio de los restos del puerto romano aparecido en Irún (Oiasso), cuyas estructuras de madera y sus voluminosas colecciones entre las que destacaban, además de la cerámica, los objetos sobre soportes orgánicos (cuero, madera, semillas…) exigieron la puesta en marcha de acciones novedosas y pioneras en el contexto de la trayectoria de la arqueología guipuzcoana11. En esta segunda fase, las tareas se centraron en la realización de pequeños sondeos arqueológicos, catas de 1 m x 1 m, en los rellenos acumulados en el interior de las galerías. A través de las catas se buscaba obtener informaciones que permitieran confirmar las estimaciones cronológicas obtenidas del análisis tipológico. Las catas ofrecieron resultados positivos, preparando el camino para posteriores intervenciones arqueológicas de mayor calado, como la llevada a cabo en la mina de Arditurri 10 en la que se excavaron los sedimentos de toda la mina.

La tercera etapa se desarrolló entre los años 2000 y 2004, asociada a la declaración del parque natural de Aiako Harria (la Peña de Aia). En esta fase se abordaron todos los recursos mineros del área comprendida en la declaración, tratándose los elementos arqueológicos desde la perspectiva de su valoración patrimonial, tanto a efectos de protección como de puesta en valor en acciones a largo plazo. El catálogo12 que recogió los resultados se planteó como un

0 Urteaga, M. y Tx. Ugalde ( 986): La galería de Altamira I, Actas del I Congreso Internacional Astorga Romana, Tomo I, 237-244.

Urteaga, M., (2006). “El puerto romano de Irún (Guipúzcoa)”, en

Urteaga, M. M; Noain, M. J. (eds.): Mar Exterior: el Occidente atlántico en época romana. Actas del Congreso Internacional celebrado en Pisa, noviembre 2003. Roma-Irún-San Sebastián: Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma-CSIC; Arkeolan; Diputación Foral de Guipúzcoa, 87- 03.

2 Alkain, P., R. San José et M. Urteaga (2004): Puesta en valor y aprovechamiento público de los recursos mineros del Parque Natural de Aiako Harria, Arkeolan, centro de estudios e investigaciones históricoarqueológicas, Memoria.

instrumento de apoyo en la gestión del parque, pero también sirvió para establecer una serie de premisas que, con el tiempo, se han convertido en líneas estratégicas de apoyo a la investigación de la minería romana.

La cuarta y última fase de actuación tiene como escenario principal el coto minero de Arditurri, donde se ha puesto en marcha un plan de socialización que incluye la habilitación de la mina principal para acceso del público, la dotación de un centro de interpretación y la realización de un plan de investigaciones arqueológicas integradas en el programa de actividades y de visitas13. Desde la puesta en marcha de este último, en junio del 2008, los objetivos se han centrado en completar las exploraciones hasta peinar totalmente el área del coto, documentar los restos descubiertos y realizar intervenciones de prospección con catas y de excavación en área en galerías determinadas.

A día de hoy se han reconocido en el entorno de

Aiako Harria más de 70 unidades de minería romana con varios kilómetros de desarrollo total. Se reparten en los cotos mineros de Arditurri (Oiartzun), San Narciso, Belbio y San Fernando (Irún). En áreas del territorio de Navarra también se están registrando evidencias de minería romana.

Las investigaciones de minería, además de al campo arqueológico pertenecen al ámbito de las actuaciones espeleológicas. En nuestro caso, el equipo tiene un marcado carácter interdisciplinar e integra arqueólogos del centro de estudios Arkeolan y espeleólogos de la Sociedad Félix Ugarte que han ido enriqueciéndose mutuamente con la experiencia acumulada en las distintas operaciones de exploración y documentación del mundo subterráneo minero. Como ejemplo de esta interacción señalaremos el descubrimiento del socavón (galería de drenaje) de Arditurri cuya existencia fue advertida gracias al conocimiento de las fuentes históricas y, además, valorada entre las evidencias arqueológicas de mayor interés. Efectivamente, Thalacker había dejado una descripción detallada del mismo que permitió identificar la obra con los cuniculi de la legislación minera romana e impulsar su búsqueda por encima de otros objetivos (Urteaga, Thalacker). El año 2004, nos informaron sobre la existencia de un manantial junto al río de Arditurri con un caudal de 30 l/s en estiaje. Por la naturaleza pizarrosa de la roca aflorante en la zona, era muy improbable que se tratara de una fuente na-

3 El plan de investigación arqueológica, promovido por el centro de estudios e investigaciones histórico-arqueológicas ARKEOLAN de Irún, está respaldado económicamente por el Gobierno Vasco, la Diputación Foral de Gipuzkoa y el ayuntamiento de Oiartzun (OTASA).

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V Congreso de las Obras Públicas Romanas330 tural, por lo que nos dirigimos al lugar y comprobamos que era el desagüe de un complejo minero, que por la magnitud del caudal surgente, debía ser de importancia.

La exploración de la galería inundada se hizo dificultosa ya que poseía dos tramos totalmente sifonados, obligándonos a realizar una pequeña inmersión. Posteriormente retiramos la capa superficial de sedimentos de la galería, formado fundamentalmente por gravas y cantos, consiguiendo rebajar el nivel inundado y con ello liberar de agua la parte superior de la galería, lo que nos permitió superarlos sin necesidad de realizar una inmersión por el sifón. Sus dimensiones, características constructivas y la abundancia de los huecos para las lucernas, nos indicaron la identidad romana del testimonio, comprobando que nos encontrábamos ante el socavón descrito por Thalacker y buscado desde hacía varios años.

2.1 El distrito minEro dE oiasso

Urteaga defiende la consideración del distrito minero de Oiasso desde la extensión del fenómeno minero romano en un espacio geográfico concreto, la aureola metamórfica del macizo de la Peña de Aia o Aiako Harria.

El macizo de la Peña de Aia (Aiako Harria) tiene poco más de 800 m de altura, aunque es la cota dominante de la comarca del Bidasoa. Geológicamente, está formado por un núcleo granítico y una aureola metamórfica de pizarras del Carbonífero. El batolito o plutón se originó hace unos 300 millones de años, por la ascensión de masas magmáticas que solidificaron sin llegar a salir a la superficie. Los procesos orogénicos posteriores elevaron la posición del stock y, después, la erosión eliminó los estratos superiores, más débiles, aflorando el macizo granítico. Los criaderos de mineral asociados están formados en su mayoría por óxidos (hematites y goethita), sulfuros (galena argentífera y blenda) y carbonatos (siderita y espato de flúor), observándose un reparto estratificado entre los óxidos (de hierro) que se encuentran en las proximidades del granito, en algunos casos formando bolsas incrustadas, y los sulfuros que se reparten entre las pizarras de la aureola metamórfica.

Las mineralizaciones de este distrito han sido importantes tanto por el volumen de los filones como por su número, como se aprecia de la amplia representación de concesiones mineras puestas en activo desde 1840. A finales del siglo XIX se explotaban de manera industrial, contándose con infraestructuras de entidad, cargaderos, hornos de calcinación, pla- nos inclinados para vagonetas, oficinas, almacenes y ferrocarriles mineros.

Los trabajos se asocian con los filones de los criaderos formados en las pizarras que rodean al stock granítico, siendo los minerales de plata y cobre los más apreciados, aunque también se conocen explotaciones de hierro. Existe, por tanto, una identidad minera geográfica que responde a las condiciones naturales –geológicas- del terreno, por lo que, en estos términos, Urteaga ha planteado la existencia del distrito minero romano de la Peña de Aia o Aiako Harria que, por su relación con el asentamiento de Oiasso, también podría titularse el distrito minero de Oiasso.

3. Los sistemas para elevación y bombeo de agua en época romana

Las necesidades de bombeo de agua ha sido una constante en las diferentes actividades humanas, ya sea para aprovechamiento agrícola (regadío), de abastecimiento a poblaciones o para aplicación en la industria. Existen algunas representaciones de época romana que muestran estas labores, caso de la conocida pintura de Pompeya que hemos adjuntado al texto [Figura 1], pero la principal fuente de conocimiento son los X Libros de Arquitectura de Vitrubio, eminente técnico romano del siglo I a.C.; en sus textos describe con gran claridad diversos ingenios de elevación de agua14. En los capítulos 9 al 12 trata en detalle la maquinaria para elevar agua conocida en su época; incluso, en el capítulo 10 hace una somera descripción de la utilización de la energía hidráulica para moler grano, con lo que demuestra el uso en su época de esta tecnología.

El primero mecanismo de elevación que cita Vitrubio es el Tímpano1 .

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