El liberalismo norteamericano y sus críticos: Rawls, Taylor, Sandel, Walzer

El liberalismo norteamericano y sus críticos: Rawls, Taylor, Sandel, Walzer

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[Nota de Nueva Derecha: No compartimos la ideología liberal-individualista de la autora, sin embargo, hemos colocado su articulo en tanto que describe con detalle el actual debate entre los filosofos comunitaristas y liberales norteamericanos y sus posiciones ideologicas.]

El Liberalismo norteamericano y sus críticos: Rawls, Taylor, Sandel, Walzer Chantal Mouffe

A partir de Tocqueville, los Estados Unidos son considerados a menudo como la tierra predilecta del liberalismo democrático. Desde la constitución de 1787, el liberalismo habría podido florecer en Norteamérica sin chocar con los obstáculos que debió vencer en los países europeos. Reformulado por Louis Hartz en su libro de 1955, The Liberal tradition in America, este tema gozó durante mucho tiempo de una hegemonía indiscutida, y es a esta característica que se atribuía la doble ausencia, tanto de una real tradición conservadora, como de un importante movimiento socialista en Norteamérica. Muchos veían igualmente en ello el secreto de la fuerza y de la vitalidad del Nuevo Mundo. Sin embargo, desde hace algunos años, parece que los norteamericanos son cada vez más críticos con respecto a este predominio del liberalismo democrático; es así como algunos se pusieron a buscar otras formas de identidad y comenzaron a escrutar su pasado para descubrir en él los signos de la presencia de otras tradiciones.

Desde el fin de los años 60, se organizó un movimiento "neoconservador" para alertar contra los "excesos de la democracia". Agitando el espectro del "precipicio igualitario", este grupo, compuesto por intelectuales prestigiosos agrupados alrededor de las revistas Commentary y The Public Interest, lanzó una ofensiva contra la ola democrática que los diversos movimientos sociales de esta década han representado. Los neo-conservadores denuncian la sobrecarga de demandas que la multiplicación de nuevos derechos impone al Estado y el peligro que esta explosión de reivindicaciones igualitarias hace correr al sistema de autoridad.

Más o menos por la misma época, un grupo de "neoliberales" la emprende contra las medidas de redistribución de la Great Society y denuncia la intervención del Estado en la economía. De acuerdo con Milton Friedman, preconizan un retorno al capitalismo de libre mercado. De un lado como del otro, lo que se ataca es, en realidad, la articulación entre liberalismo y democracia a causa del potencial subversivo de la idea democrática frente a la preservación de las relaciones sociales dominantes.

Recientemente, una nueva voz se dejó oir: ya no es más la democracia el blanco de las críticas, sino el liberalismo básico, responsable de la destrucción de los valores comunitarios y del debilitamiento de la vida pública. Este tipo de crítica, que tiene a la vez acentos de izquierda y resonancias conservadoras, es original, pues opera en el marco del redescubrimiento de una tradición ocultada hasta hoy en los Estados Unidos: la del "republicanismo cívico". Esta tradición --que algunos prefieren llamar "humanismo cívico"- afirma en su discurso político que la verdadera realización humana sólo es posible cuando se actúa en tanto ciudadano de una comunidad política libre y autogobernada. Según Pocock -uno de los que más ha contribuido a la reconstrucción de estas ideas- los orígenes de semejante concepción deben buscarse en la visión aristotélica del hombre como zoon polítikon, en Cicerón y en el ideal romano de la res publica. No obstante, es en Florencia, en el siglo XV, donde adquiere las características que van a influenciar al pensamiento político angloamericano de los siglos XVII y XVIII, a través de la obra de James Harrington y de los neo-harringtonianos. Se trata de un lenguaje político que realiza una síntesis entre elementos aristotélicos y maquiavélicos,

Página 1 de 11El Liberalismo norteamericano y sus críticos: Rawls, Taylor, Sandel, Walzer lenguaje en el cual desempeñan un papel central las nociones de "bien común", "virtud cívica" y "corrupción".

Ahora bien, en el curso de las últimas décadas se produjo una reorientación espectular de la interpretación de la revolución norteamericana que puso en evidencia precisamente la importancia del republicanismo cívico en el periodo revolucionario.

Contrariamente a la interpretación dominante, que veía en esta revolución una ruptura de tipo nacionalista con el Viejo Mundo, influenciada principalmente por las ideas de Locke, los trabajos de historiadores como Bailyn y Wood mostraron que había sido profundamente influenciada por la cultura del humanismo cívico neoharringtoniano. De allí viene el lugar central que ocupa la noción de "corrupción" en el lenguaje político de los patriotas norteamericanos, como lo revela el análisis que hace Bailyn de sus panfletos. Sólo más tarde, la concepción clásica de la política, donde los individuos participan activamente en la res publica, va a deslizarse hacia un nuevo paradigma: el de la democracia representativa. De acuerdo con Gordon Wood, es la constitución federalista de 1787 la que marca el fin de la política clásica y la instauración de ese nuevo paradigma en el cual el pueblo Ya no es concebido corno ligado por una comunidad de intereses, sino como "una aglomeración de individuos hostiles que se reúnen alrededor de su beneficio común en la construcción de una sociedad".

Es en ese momento cuando desaparece la insistencia sobre la necesidad de la virtud pública y el bien común y aparece el concepto nuevo de opinión pública. Wood muestra cómo una nueva fórmula de gobierno hizo su aparición y cómo implicaba una concepción de la política en tanto compromiso entre intereses cuya formulación era exterior a la acción política misma. Esta nueva concepción, que en general se califica como "liberal", se convirtió en dominante durante el siglo XIX; aunque según algunos la concepción republicana no fue completamente borrada. Por ejemplo, Pocock afirma que persiste subterráneamente gracias al mantenimiento de valores y de símbolos pre-modernos y antiindustriales en la cultura norteamericana. A esta tradición van a apelar los autores críticos del individualismo liberal, afirmando que gracias a ella los norteamericanos pudieron conservar un cierto sentido de la comunidad que a su vez les permite resistir a los efectos corrosivos del individualismo. En la revitalización de esta tradición de republicanismo cívico ven la solución a la crisis que vive hoy la sociedad norteamericana. Una crisis que consiste, según ellos, en la destrucción del lazo social debida a la promoción social del individuo que sólo conoce la búsqueda de su interés propio y rechaza toda obligación que pudiera trabar su libertad. Mientras que los neoconservadores ven en la idea democrática el origen de las dificultades del sistema liberal democrático, para los autores llamados "comunitarios" es central la desaparición de la virtud cívica, es decir, de la identificación a una comunidad política donde la ciudadanía entraña derechos pero también deberes. Esta desaparición es consecuencia de la privatización de la vida social así como de la desaparición del espacio público y no se puede remediar más que a través de una revaloración de la participación política. Actualmente, la ilusión liberal de que la armonía podría nacer del librejuego de los intereses particulares y que la sociedad moderna ya no tiene necesidad de la virtud cívica finalmente se mostró peligrosa: cuestiona la existencia misma del proceso democrático. De allí viene la necesidad de una nueva cultura política que reanude los lazos con la tradición del republicanismo cívico y devuelva su dignidad a lo político.

Un nuevo paradigma liberal

No es asombroso que los comunitarios actuales, como los neoconservadores de ayer, hayan elegido a John Rawls como su blanco principal. En efecto, desde su publicación en 1971, A Theory of justice fue saludada como una obra magistral que instaura un "nuevo paradigma liberal". Este paradigma "deontológico" o rights-based (fundado en los derechos) puso fin a la supremacía indiscutida del utilitarismo en la reflexión teórica anglo-sajona, y toda crítica al liberalismo debe arreglar cuentas

Página 2 de 11El Liberalismo norteamericano y sus críticos: Rawls, Taylor, Sandel, Walzer con aquello que es considerado como su elaboración más avanzada.

La posición de Rawls evolucionó de manera bastante sustancial desde la publicación de su libro, cosa que plantea algunos problemas para captar la coherencia de su teoría y juzgar las críticas que se le dirigen. A Theoly of Justice daba a entender que Rawls buscaba un algoritmo de la elección Racional, un punto de Arquímedes que garantizara el carácter universal de su teoría de la "igualdad". Su problema consistía en determinar cuáles principios de justicia debían escoger las personas libres y racionales -si se colocaban en una situación de igualdad- para definir los términos fundamentales de su asociación. Más tarde, declaró que solamente deseaba elaborar una concepción de lajusticia para las sociedades democráticas modernas partiendo de las instituciones comunes a los miembros de esas sociedades. Su objetivo.era articular y hacer explícitas las nociones y principios presentes en estado latente en el sentido común: por lo tanto, no pretendía formular una concepción de lajusticia que fuera "verdadera", sino proponer principios válidos para nosotros, en función de nuestra historia, de nuestras tradiciones, de nuestras aspiraciones y de la manera como concebimos nuestra identidad.

Contrariamente al utilitarismo, Rawls no concibe a la persona como un puro individuo racional que busca exclusivamente su bienestar, sino como una persona moral susceptible, no sólo de acción "racional" (entendida como acción instrumental que apunta al propio interés), sino también de lo que se llama acción "razonable", que implica consideraciones morales y sentido de la justicia en la organización de la cooperación social. Es un método que él designa con el término de "constructivismo kantiano", a fin de indicar que opera con una concepción de la persona concebida, a la manera kantiana, como persona moral libre e igual.

Para un liberal de tipo kantiano como Rawls, que defiende una forma de liberalismo en la cual el derecho no debe depender de ninguna concepción utilitarista, es importante que lo que justifique al derecho no sea la "maximización" del bienestar general, ni ninguna otra concepción particular del bien. Por ello, afirma que lo razonable debe tener la prioridad sobre lo racional pues la exigencia de términos equitativos de cooperación debe limitar el margen de libertad que los individuos tendrán en la definición y la búsqueda de su interés propio. Eso significa que existirá "prioridad del derecho sobre el bien", es decir, prioridad de un marco de derechos y libertades fundamentales por sobre las diferentes concepciones del bienestar que les serán permitidas a los individuos. Rawls considera que no es justo acrecentar el bienestar total de una sociedad si eso implica sacrificar a un cierto número de personas. Hay que tratar a los individuos como fines en sí y no como medios, precepto que él reprocha al utilitarismo no respetar. En efecto, para esta teoría los individuos no son más que unidades de cuenta en el cálculo de rendimiento máximo del interés general. Ahora bien, al sumar a los individuos se los homogeiniza y se sacrifican intereses privados en nombre de la utilidad de la mayoría. Rawls está seguro de garantizar la defensa de los derechos fundamentales de los individuos y su libertad de una manera mucho más completa que el utilitarismo, pues su teoría de la justicia está construida para respetar su pluralidad y su especialidad.

Sin embargo, para que el acuerdo sobre los principios de justicia sea verdaderamente equitativo, es necesario encontrar un punto de vista que no esté influenciado por las circunstancias particulares de los participantes y sus intereses. Ese es el papel que Rawls hace desempeñar a la "posición original", la cual, con su velo de ignorancia va a esconder a los participantes su lugar exacto en la sociedad, sus talentos, sus objetivos y todo lo que podría perjudicar a su imparcialidad. Esa posición va a servir de mediadora entre la concepción kantiana de la persona (a la cual Rawls espera poder liberar dé la metafísica que la entorpece en Kant y redefinir en términos estrictamente empíricos) y los príncipios de justicia que se tratan de construir. La posición original designa, entonces, una situación heurística de igualdad y de libertad que va a permitir a los participantes seleccionar, con el procedimiento de deliberación, los principios de justicia para organizar la cooperación social entre personas libres e iguales. Por lo tanto, no hay criterio independiente de justicia y el propio procedimiento va a garantizar que el resultado producido sea justo. Este método de constructivismo kantiano conduce a formular los dos principios de justicia siguientes:

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1. Cada uno debe tener un derecho igual a la libertad fundamental más extendida posible y compatible con una libertad idéntica para los otros.

2. Las desigualdades económicas y sociales deben ser establecidas de tal manera que: a. beneficien lo más posible a los desfavorecidos (es el famoso principio de la diferencia); b. estén adheridas a funciones y a posiciones abiertas a todo en condiciones equitativas de igualdad de oportunidades.

El primer principio tiene prioridad sobre el segundo y la cláusula b. sobre la cláusula a. de tal manera que no se debería legitimar ninguna restricción de libertad o de igualdad de oportunidades con el argumento de que contribuye a mejorar la suerte de los menos favorecidos. Rawls resume la concepción general de su teoría de la justicia de la manera siguiente: "Todos los bienes sociales primarios -libertad e igualdad de oportunidades,, ingresos y riquezas, así como las bases del respeto propio- deben ser distribuidos de manera igual, salvo si una distribución desigual de uno o del conjunto de esos bienes es en beneficio ventajoso de los menos favorecido".

Rawls considera que su teoría de la justicia aporta finalmente la respuesta a la pregunta tan controvertida de saber cuáles son los principios de justicia que deben reorganizar los términos de la cooperación social entre personas libres e iguales. Piensa haber logrado formular un principio rector que permita poner en acción los valores de igualdad y libertad en las instituciones sociales, resolviendo así el conflicto que dura desde hace dos siglos en el pensamiento democrático.

Sin embargo, semejante pretensión fue cuestionada muy pronto. Desde 1974, Robert Nozick, en Anarchy, State and Utopia, se apresuró a mostrar cómo se podía llegar a una concepción de la justicia diametralmente opuesta partiendo de una posición similar a la de Rawls. En efecto, mientras Rawls es un defensor indiscutido del EstadoProvidencia, liberal democrático, al cual pretende justificar como la forma política más justa y racional, Nozick, es un defensor del estado mínimo, que sólo se limita a defender la ley y el orden y que rechaza todo tipo de función distributiva. Según Nozick la justicia social no existe, si la entendemos como justicia distributiva; además declara que una sociedad es justa en tanto sus miembros posean aquello a lo que tienen derecho, independientemente de las formas de repartición de la riqueza que eso implica.

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