La Revolución de una Brizna de Paja

La Revolución de una Brizna de Paja

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La Revolución de una Brizna de Paja

Masonobu Fukuoka Una Introducción a la agricultura Natural

Masonobu Fukuoka Se ilumino

Como aquí se diria

“Se le prendió el bombillito”

En realidad

Inicio un proceso donde

Transformo su inconciencia

DesaprendiendoRecuperando

En conciencia de si y su entorno

Aspectos esenciales de las culturas primordiales La actividad productiva se transformo en lo que era

Experiencia sagrada

En comunión con la tierra, el Sol el agua la luna…

Dejando naturalmente fluir los procesos…

La evolución

Trascendiendo su función utilitaria

Alcanzando un estado de gracia

Paz y sosiego que solo da La realidad

La oportunidad ahora es

Como Desaprender

Rodolfo Pierre G grupo Vivencial gaia

Santo Domingo Republica Dominicana 43 Aniversario del 24 de abril del 1965

Prologo2
Introducción5
Mirad este grano1
Nada en absoluto1
Regresando al campo14
Hacia una agricultura del no hacer16
Regresando a la fuente17
Una razón por la que la agricultura natural no se ha extendido19
La humanidad no conoce la naturaleza20

Capitulo I

Los cuatro principios de la agricultura natural2
Cultivando entre las malas hiervas26
Cultivando con paja28
Cultivando arroz en un campo sin inundar30
Árboles frutales32
La tierra del vergel3
Cultivando hortalizas como plantas silvestres3
Las condiciones para el abandono de los productos químicos37
Los limites del método científico40

Capitulo I

Un agricultor que habla claro41
Una solución modesta para un problema difícil42
El fruto de los tiempos difíciles4
La comercialización de los alimentos naturales45
La agricultura comercial fracasará47
¿A quién beneficia la investigación?48
¿Qué es el alimento humano?49
Una muerte compasiva para la cebada52
Simplemente sirve a la naturaleza y todo irá bien54
Varias escuelas de agricultura natural56
Confusiones sobre la alimentación59
El mándala de la alimentación natural60
La cultura de la alimentación63
Viviendo sólo de pan65
Resumiendo dietas6
Alimentos y agricultura68

Capitulo IV

La necedad aparece como inteligencia70
¿Quién es el necio?72
Nací para ir a un jardín de infancia73
Nubes pasajeras y la ilusión de la ciencia75
La teoría de la relatividad7
Un pueblo sin guerra y paz78
La revolución de una brizna de paja80

Capitulo V

Larry y Fukuoka observan campo de arroz

Traducción de trabajo del libro: THE ONE-STRAW REVOLUTION, AN INTRODUCTION TO NATURAL FARMING, de MASANOBU FUKUOKA, publicado por RODALE PRESS 1978.

Cerca de una pequeña aldea de la isla de Shikoku en el sur de Japón. Masanobu Fukuoka ha estado desarrollando un método de agricultura natural que podría llegar a invertir la inercia degenerativa de la agricultura moderna.

La agricultura natural no necesita maquinaria ni productos químicos y muy poco deshierbo. El Sr. Fukuoka no labra el suelo ni utiliza compost1. No inunda con agua sus campos de arroz a lo largo de la estación de crecimiento tal como lo han hecho durante siglos los cultivadores de arroz en Oriente y otras regiones del mundo. El suelo de sus campos no ha sido labrado desde hace veinticinco años, y sin embargo sus rendimientos se equiparan a los de las explotaciones japonesas más productivas.

Su método de agricultura requiere menos labor que cualquier otro. No causa contaminación no necesita combustibles fósiles. Cuando empecé a oír hablar del Sr. Fukuoka era escéptico. ¿Cómo podía ser posible obtener altos rendimientos cada año con cultivo de arroz y cereales de invierno simplemente esparciendo la semilla sobre la superficie de un campo sin labrar? Tenía que haber algo más.

Durante varios años he estado viviendo con un grupo de amigos en una granja de las Montañas del norte de Kyoto. Nosotros utilizábamos los métodos tradicionales de la agricultura japonesa para cultivar arroz, centeno, cebada, soja y varias hortalizas. Los visitantes de nuestra granja a menudo hablaban del trabajo del Sr. Fukuoka. Ninguna de las personas había estado el tiempo suficiente en su explotación para aprender los detalles de su técnica, pero estas conversaciones excitaron mi curiosidad.

Cada vez que había un periodo de descanso en nuestro programa de trabajo viajaba a otras partes del país deteniéndome en explotaciones comunes realizando trabajos eventuales a lo largo del camino. En una de estas excursiones visité la explotación del Sr. Fukuoka para conocer por mi mismo su trabajo.

No estoy muy seguro de como esperaba que fuese, pero después de haber oído hablar tanto sobre este gran profesor me sorprendió algo el que vistiese las ropas y calzado del agricultor japonés corriente. Sin embargo su blanca barba y su forma de ser vigilante y segura le conferían la apariencia de una persona poco corriente.

Me quedé durante varios meses en la explotación del Sr. Fukuoka, durante esta primera visita trabajamos en los campos y en el vergel de cítricos. Allí, durante las discusiones nocturnas con otros trabajadores, estudiantes en una cabaña con paredes de barro, se me hicieron claros gradualmente los detalles del método del Sr. Fukuoka y su filosofía inherente. El vergel del Sr. Fukuoka está localizado en una ladera orientada hacía la bahía de Matsuyama. Esta es la “montaña’ donde viven y trabajan sus estudiantes, muchos de ellos llegan con la mochila a sus espaldas sin saber lo que les espera.

Se quedan durante unos cuantos días o algunas semanas, y desaparecen de nuevo montaña abajo. Pero generalmente queda un núcleo de cuatro o cinco estudiantes que han permanecido allí alrededor de un año. A lo largo de los años, mucha gente tanto hombres como mujeres han venido y se han quedado a trabajar. No hay comodidades modernas. El agua fresca se transporta en cubos desde el manantial, los alimentos se cocinan con leña, y la iluminación se obtiene de velas y lámparas de queroseno.

La montaña es rica en plantas silvestres y hortalizas. De los ríos cercanos se pueden obtener peces y crustáceos, y del mar interior de las islas distante unos pocos kilómetros, algas marinas.

Los trabajos varían según la estación y el clima. El día de trabajo comienza a las ocho, hay una hora para el almuerzo (dos o tres horas en los cálidos días de verano), los estudiantes regresan del trabajo a sus cabañas justo antes del anochecer. Además de los trabajos agrícolas, están las tareas domésticas del acarreo del agua, cortar leña, cocinar, preparar el baño caliente, cuidar las cabras, alimentar las gallinas y recoger sus

1 Proceso de transformación de materiales biodegradables, en humus estable.

huevos, vigilar las colmenas, reparar y ocasionalmente construir nuevas cabañas y preparar “miso” (pasta de soja) y “tofu” (cuajada de leche de soja).

El Sr. Fukuoka aporta mensualmente 10.0 yen (cerca de 90.5 US$) para cubrir los gastos de manutención de toda la comunidad. Estos consisten en su mayor parte en la adquisición de salsa de soja, aceite vegetal y otros artículos que no se pueden fabricar a pequeña escala.

Para el resto de sus necesidades, los estudiantes deben contar enteramente con los productos que cultivan, los recursos de la zona y su propio ingenio. El Sr. Fukuoka tiene expresamente a sus estudiantes viviendo de esta forma semi-primitiva tal como él la practica desde hace muchos años porque cree que este tipo de vida desarrolla la sensibilidad necesaria para practicar la agricultura según su método natural.

En el área de Shikoku donde vive el Sr. Fukuoka el arroz se cultiva en las llanuras costeras y los cítricos en las laderas de las montañas. La explotación del Sr. Fukuoka consiste en 0.6 Hectáreas (Ha)2. de campos de arroz y 6 Ha. de mandarinos. Esto puede parecer poca cosa a un agricultor occidental, pero dado que todo el trabajo se realiza con las herramientas tradicionales japonesas se necesita mucha labor para mantener incluso esta pequeña superficie.

El Sr. Fukuoka trabaja con los estudiantes en los campos y en el vergel, pero nadie sabe exactamente cuando visitará el lugar de trabajo. Parece tener el don de aparecer en los momentos en que menos se le espera. Es un hombre activo siempre charlando sobre algún tema. Algunas veces reúne a los estudiantes para discutir el trabajo que están realizando, a menudo señalando la forma en que este podría desarrollarse más fácil y rápidamente. Otras veces habla sobre el ciclo biológico de una mala hierba o una enfermedad fúngica del vergel, y ocasionalmente se detiene a recordar y reflexionar sobre sus experiencias agrícolas.

Además de explicar sus técnicas, el Sr. Fukuoka también enseña las técnicas fundamentales de la agricultura. Enfatiza la importancia de cuidar bien las herramientas nunca se cansa de demostrar su utilidad.

Si algún recién llegado espera que la agricultura natural signifique que la naturaleza cuida los cultivos, mientras puede sentarse a observarla, el Sr. Fukuoka pronto le enseña que hay muchas cosas que tiene que saber y conocer. Estrictamente hablando, la única agricultura “natural’ es la caza y la recolección.

Hacer crecer cultivos es una innovación cultural que requiere conocimiento y esfuerzo. La diferencia fundamental es que el Sr. Fukuoka practica la agricultura cooperando con la naturaleza en lugar de tratar de “mejorarla” mediante su conquista.

Algunos visitantes vienen solamente a pasar una tarde, y el Sr. Fukuoka les muestra pacientemente su explotación. Frecuentemente se le ve subiendo a grandes zancadas por el camino de la montaña seguido de un grupo de diez o quince visitantes resoplando detrás de él. Sin embargo no ha habido siempre tantos las personas de fuera de su aldea.

Cuando era joven, el Sr. Fukuoka abandonó su hogar rural y viajó a Yokohama para seguir la carrera de microbiólogo. Se especializó en enfermedades de plantas y trabajó durante algunos años en un laboratorio como inspector agrícola de aduanas. Fue durante esta época cuando todavía era un hombre joven de 25 años, que el Sr. Fukuoka pasó una experiencia que debía formar la base de su vida, y que sería el tema de este libro. “La revolución de una paja”. Dejó su trabajo y regresó a su aldea nativa para probar la solidez de sus ideas, aplicándolas en sus propios campos.

La inspiración de su método natural de agricultura le vino un día en que pasaba accidentalmente a través de un campo que no había sido cultivado ni utilizado durante muchos años. Allí vio que unas vigorosas plantas de arroz brotaban de entre una maraña hierbas.

2 Una hectárea igual a 10,0 metros cuadrados, aproximadamente 16 tareas Dominicanas (15.92 tareas).

A partir de entonces dejó de inundar sus campos para cultivar el arroz. Dejó de sembrar el arroz en primavera y en su lugar lo sembró en otoño, directamente sobre la superficie del campo en el momento en que naturalmente habría caído sobre el suelo. En vez de labrar el suelo para librarse de las malas hierbas, aprendió a controlarlas mediante una cubierta vegetal más o menos permanente de trébol blanco, y un acolchado de paja de trigo y de centeno.

Una vez que observa que las condiciones se han inclinado a favor de sus cultivos, el Sr. Fukuoka interfiere tan poco como le es posible sobre las comunidades vegetales y animales de sus campost.

Dado que muchos occidentales incluso agricultores no están familiarizados con la rotación del arroz y cereal de invierno y dado que el Sr. Fukuoka hace muchas referencias al cultivo de arroz en su libro, seria útil decir unas palabras sobre la agricultura tradicional japonesa.

Originalmente se sembraba directamente a voleo la semilla de arroz sobre las llanuras aluviales inundadas durante la época de los monzones. Eventualmente, en las tierras bajas se hacen terrazas para poder contener el agua del riego, incluso después de haber cesado las inundaciones.

Por el método tradicional, utilizado en el Japón hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, la siembra del arroz se hacía en un bancal-semillero cuidadosamente preparado. Se distribuía compost y estiércol sobre los campos, siendo entonces inundados y labrados hasta tener una consistencia semejante a la del puré de papas. Cuando las plantitas tenían cerca de 20 cm. de altura eran transplantadas a mano a los campos. Trabajando firmemente un agricultor experimentado podía transplantar 0. 1 ha al día pero este trabajo lo hacían casi siempre varias personas trabajando juntas. Una vez se había transplantado el arroz, el campo se cultivaba ligeramente entre las líneas. Posteriormente se arrancaban las malas hierbas a mano y se cubría a menudo el campo con un acolchado.

Durante tres meses los campos permanecían inundados, con el nivel de agua a 2.5 o más cm. sobre el suelo. La cosecha se hacía a mano con una hoz. El arroz se ataba en paquetes y se colgaba sobre enrejados de bambú durante unas cuantas semanas para que se secara antes del desgrane.

Desde el transplante a la cosecha, cada centímetro del campo había sido trabajado a mano por lo menos cuatro veces. Tan pronto como se finalizaba la cosecha del arroz se labraba el campo formando lomos aplanados de aproximadamente 30 cm. de anchura alternados con surcos de drenaje.

Se sembraba centeno o cebada sobre los lomos y se cubrían con tierra. Esta rotación era posible gracias a un calendario de siembra bien planeado y al cuidado puesto en mantener los campos bien provistos de materia orgánica y nutrientes esenciales.

Es de destacar que utilizando el método tradicional, los agricultores japoneses conseguían un cultivo de arroz y otro de cereal de invierno cada año en el mismo suelo, durante siglos, sin reducir la fertilidad del suelo.

A pesar de reconocer muchas de las virtudes de la agricultura tradicional el Sr. Fukuoka cree que ésta implica trabajos que no son necesarios.

Habla de su propio método como la agricultura “del no hacer” y dice que hace posible, incluso para un agricultor de fin de semana, cultivar suficientes alimentos para toda la familia. Sin embargo la denominación de este método no significa que pueda llevarse a cabo sin esfuerzo. Su explotación se mantiene mediante un programa regular de trabajos en los campos lo que se hace debe realizarse correctamente y con sensibilidad.

Una vez que el agricultor ha decidido que una parcela de tierra debe contener arroz u hortalizas y ha esparcido la semilla, debe entonces asumir la responsabilidad de mantener esa parcela.

Alterar la naturaleza y abandonarla después es dañino e irresponsable. En el otoño el Sr. Fukuoka siembra el arroz, el trébol blanco y el cereal de invierno en el mismo campo y los cubre con una espesa capa de paja de arroz. El centeno o la cebada y el trébol brotan inmediatamente, pero las semillas de arroz permanecen latentes hasta la primavera.

Mientras el cereal de invierno está creciendo y madurando en los campos bajos, las laderas del vergel se convierten en el centro de la actividad. La cosecha de los cítricos dura desde mediados de noviembre hasta abril.

El centeno y la cebada se cortan en mayo y se esparcen sobre el campo para que se sequen durante una semana o diez días. Entonces se desgranan, y se meten en sacos para su almacenamiento. Toda la paja se esparce sin triturar sobre los campos como acolchado. Los campos se mantienen inundados durante un corto periodo de tiempo durante las lluvias monzónicas de junio para debilitar el trébol y las malas hierbas y dar así al arroz la oportunidad de brotar a través de la capa vegetal que cubre el suelo.

Una vez que se ha drenado el campo el trébol se recupera y se extiende creciendo por debajo de las plantas de arroz en crecimiento. Desde entonces hasta la cosecha una época de pesado trabajo para el agricultor tradicional, las únicas labores en los campos de arroz del Sr. Fukuoka son las de conservación de los canales de drenaje y las de cortar la hierba de los estrechos caminos entre los campos.

El arroz se cosecha en octubre. Los paquetes se cuelgan para que se sequen y luego son desgranados. La siembra de otoño se finaliza justo antes de que las variedades tempranas de mandarinas estén maduras y listas para su cosecha.

El Sr. Fukuoka cosecha entre 4.900-5.800 Kilogramo (Kg) 3 de arroz por hectárea. Esta producción es aproximadamente la misma que se obtiene según el método tradicional o el método químico en su región. El rendimiento de su cosecha de cereal de invierno es frecuentemente mayor que el de los agricultores que emplean las técnicas tradicionales o las técnicas químicas utilizando ambas el método de cultivo a base de lomos y surcos.

Los tres métodos (natural, tradicional y químico) dan rendimientos similares, pero difieren marcadamente en su efecto sobre el suelo. El suelo en los campos del Sr. Fukuoka mejora con cada estación. Durante los últimos 25 años, desde que dejó de labrar el suelo, sus campos han mejorado en fertilidad, estructura y en su habilidad de retener el agua.

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