Apesteguía y Ares 2010 - Vida en Evolucion em espanhol

Apesteguía y Ares 2010 - Vida en Evolucion em espanhol

(Parte 1 de 11)

Sebastián Apesteguía - Roberto Ares

La Historia Natural vista desde Sudamérica

Dirección editorial José Luis Vázquez. Diseño Fernando Vázquez Mazzini, Cristina Zavatarelli.

Primera Edición, 2010

Re ser va dos los de re chos pa ra to dos los paí ses. Nin gu na par te de es ta pu bli ca ción, incluido el di se ño de la cu bier ta, pue de ser re pro du ci da, al ma ce na da, o trans mi ti da de nin gu na for ma, ni por nin gún me dio, sea és te elec tró ni co, quí mi co, me cá ni co, elec tro óp ti co, gra ba ción, fo to co pia, CD ROM, In ter net o cual quier otro, sin la pre via au to ri za ción es cri ta por par te de la Edi to rial. Este trabajo refleja, exclusivamente, las opiniones profesionales y científicas de los autores. No es responsabilidad de la Editorial el contenido de la presente obra. Las fotografías publicadas en este libro son de exclusiva propiedad de cada uno de los fotógrafos.

Impreso en Argentina. Se terminó de imprimir el 1 de febrero de 2010, en Verlap S.A. Provincia de Buenos Aires

© VAZQUEZ MAZZINI EDITORES, República Argentina - 2010

Vida en evolución : la historia natural vista desde Sudamérica / Sebastian Apesteguia y Roberto Ares. ­ 1a ed. ­
384 p. ; 24x17 cm.
ISBN 978­987­9132­25­8
1. Historia Natural. I. Ares, Roberto I. Título
CDD 508

Apesteguia, Sebastian Buenos Aires : Vázquez Mazzini Editores, 2010.

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Tapa: Fotografías de los autores Contratapa: Mundo devónico obra del artista Federico Carden

Dr. José F. Bonaparte

Investigador Superior de CONICET (retirado).

El principal paleontólogo argentino en el estudio de los vertebrados mesozoicos, con 135 publicaciones científicas y 3 libros de divulgación.

Las variadísimas manifestaciones de la Naturaleza y su historia evolutiva han sido, y lo seguirán siendo hasta el fin de nuestra especie, motivo de especulaciones científicas y filosóficas que han ocupado gran tiempo de los ilustres hombres que desde Grecia y Arabia a la época actual nos han legado un más que enorme caudal de conocimientos y principios que caracteriza a la elite intelectual de nuestros días. Todos ellos nos expusieron lo que sabían, con coraje suficiente para exponerse a la crítica de sus semejantes, presentes o futuros. No sólo hacía falta conocimiento, sino también el coraje que caracteriza a quien pretende difundir lo que sabe por medio del papel, ese inefable vehículo del saber que atesoramos en bibliotecas públicas o privadas. Aunque el conocimiento acumulado es muy grande, el camino que falta recorrer es mucho mayor aún, especialmente en la historia natural, tan prodigiosamente fértil que incluye, además, a esa prodigiosa especie capaz de analizarse a sí misma y de averiguar sobre sus propios orígenes y, por cierto, del entorno en donde habita.

Así, Apesteguía y Ares se sumergen en los más remotos tiempos de nuestro planeta y en los primigenios com puestos de carbono para darnos su versión, nutrida por centenares de autores anteriores, de la evolución de los ver tebrados, plantas, hongos, insectos, tiempos geológicos, acontecimientos tectónicos, clima, extinciones, cladismo y otros tantos complejos temas que han formado, y forman, parte del enorme enjambre de factores que han contribuido al pasado y presente de nuestro planeta.

Una destacada virtud de H. sapiens es la de proyectarse en la atención de los jóvenes inquietos, ávidos de cono cimientos, cualidad que en particular Sebastián cumple muy eficazmente, no solo por medio de este entusiasmante libro, sino en su taller y estudio de paleovertebrados de la Fundación Azara.

La actualización de conocimientos que brinda este libro, en una secuencia ordenada y con un lenguaje didáctico, accesible, es resultado del rápido progreso de las disciplinas involucradas que en gran parte no son publicadas por medios accesibles, sino solo por publicaciones especializadas de muy escasa circulación en nuestro país.

Por ello, la síntesis de los conocimientos actuales sobre los más atractivos temas biológicos evolutivos que han logrado reunir y sintetizar los autores son de especial valor para todo ese amplio espectro de estudiantes universita rios que solo llegan a disponer de apuntes no muy actualizados para informarse, con frecuencia muy superficialmen te, de muchos temas complejos como el concepto de especie, las extinciones en masa, el surgimiento de dinosaurios y aves, y tantos otros temas ampliamente desarrollados aquí.

Por ello, este libro cumplirá una sentida necesidad en nuestro medio, estimulando vocaciones y alentando sobre la interminable riqueza temática de las ciencias geo biológicas en continuo desarrollo actual y global, con amplia participación de nuestro país tanto por sus aportes documentales como por los estudios científicos que se desarrollan permanentemente.

El hombre común se hace preguntas sobre la naturaleza que lo rodea, y los científicos (hombres comunes, al fin y al cabo) trabajan a tiempo completo para responderlas. Todo el conocimiento incorporado a nuestro bagaje intelectual durante los años de enseñanza ha sido alguna vez producido por algún científico, recordado u olvidado; no son verdades caídas del cielo.

En nuestro país como en el resto del mundo, se le exige al científico que dé cuenta de sus investigaciones en los ámbitos “adecuados”, congresos, revistas especializadas, etc., por lo que generalmente el resto de la población, sin duda la enorme mayoría, se queda sin conocer esas respuestas de boca de quien las genera. En los últimos años, afortunadamente, esto ha ido cambiando, y muchos científicos profesionales hoy entienden que no es posible seguir sosteniendo esta actividad si no es difundiendo los resultados de sus trabajos; no es un lujo o un pasatiempo de quien ya se ha cansado de hacer investigación “seria”, sino una obligación a un reclamo justo de quienes, con sus impuestos, garantizan la continuidad de esta maravillosa profesión. No se puede investigar sin divulgar, y así lo han entendido Sebastián y Roberto.

El natural y por momentos exagerado interés de los chicos por los dinosaurios ha llevado a algunos científicos profesionales a producir libros. Por supuesto, el interés por la evolución y la paleontología no es sólo de los más pequeños, y los divulgadores deben siempre encontrar la forma de expresar sus conocimientos en un lenguaje que esté al alcance de un público amplio y con intereses diversos. El trabajo de Sebastián y Roberto ha sabido encontrar magníficamente ese equilibrio.

Como paleontólogo, encontré en este libro a uno de esos especímenes raros, tanto como algunas de las criaturas prehistóricas mencionadas en sus páginas, en donde se conjuga hábilmente erudición y amenidad; disfruté mucho leerlo, y seguramente vos lector, también lo harás, tengas la edad que tengas.

El hecho de reunir en un solo libro las últimas teorías sobre la evolución biológica y geológica (las grandes respuestas de Darwin), y la descripción completa de las mayores transformaciones evolutivas del planeta (nuestro aporte como paleontólogos y continuadores de la obra del autor de El Origen de las Especies), con ejemplos tomados en su mayoría de nuestra región, hace que este libro sea imprescindible.

Dr. Leonardo Salgado

Investigador Independiente de CONICET.

Paleontólogo argentino especializado en el estudio de los dinosaurios saurópodos.

Autor de numerosos artículos científicos e interesado en epistemología e historia de la ciencia.

Las ideas se asemejan a las bolillas de una lotería. Giran y giran, junto con muchas otras, alrededor de las actividades de cada día, sin detenerse demasiado, hasta que un buen día, por un hecho fortuito, se ponen en foco y surgen al exterior.

Vida en Evolución nació como proyecto editorial en el año 2007 cuando José Luis Vázquez (de Vázquez Mazzini

Editores) comentara un libro sobre la evolución de la vida escrito (como casi siempre) en el norte de nuestro planeta. En ese instante, una idea que daba vueltas desde hace décadas en el cerebro de uno de los autores (R. A.), ya casi condenada a no ver la luz jamas, se metamorfoseó convirtiéndose en un desafío (algo así como “ella o yo” o “a mi no me vas a ganar”).

Luego llegó la interacción con el otro autor (S. A.) quien comenzó a volcar en las páginas un caudal de novedades científicas, un ordenamiento del conocimiento biológico y una actualización de los temas mas controvertidos de las ciencias naturales. Su condición de paleontólogo potenció la visión temporal y la obra comenzó a crecer en volumen, equiparando el nuevo aporte al trabajo inicial. Por ello decidimos que aunque un nombre debe ir primero que el otro, eso solo refleja el orden alfabético, no la importancia de la contribución.

Desde la metamorfosis hasta que el libro emergió de su crisálida transcurrieron mas de dos años de empecinado desafío conjunto de los editores y los autores. Durante ese lapso se cumplieron los 200 años del nacimiento de Darwin y de la publicación de la Filosofía Zoológica de Lamarck, y los 150 años de la publicación del Origen de las Especies, obra fundadora de la moderna Teoría de la Evolución. Estos acontecimientos tuvieron también incidencia en el libro.

Vida en Evolución tiene como objetivo el relato de lo que hoy conocemos sobre la evolución de la vida en la Tierra (la Historia Natural). Normalmente, este tipo de textos son escritos en Europa o Norteamérica, y en ellos los ejemplos del sur, si los hay, son apenas notas de color. Creemos que una visión sudamericana de los sucesos que han ocurrido a nivel global es fundamental para integrar el conocimiento de la ciencia en general con los aportes logrados desde nuestra posición (cambiante) en el planeta. Sudamérica no siempre fue el sur de América, no siempre tuvo esta forma o estas costas o la cadena de los Andes. Sus rocas guardan recuerdos de muchas peripecias hermosas y traumáticas.

La geología y paleontología son las herramientas que utilizamos para interpretar esos recuerdos, pero no son suficientes, se necesitan todas las ramas de la biología para comprender cómo funcionan las cosas. Los genes, las interacciones dentro de las poblaciones y también pinceladas de etología que nos permitan comparar la conducta de los animales actuales con los datos muy fragmentados de los seres del pasado.

Vida en Evolución es un relato en movimiento. Como en un film, el relato se puede observar como una sucesión de fotografías. En general, los capítulos constan de dos partes. En la primera se trabaja con las fotografías (los prota gonistas de la historia) y en la segunda se narra el movimiento que une a los protagonistas (“la evolución en acción”).

Cuando fue posible se enfatizó en los protagonistas “sudamericanos”, pero como no todo ocurrió por nuestros lares, y como una gran parte del conocimiento de las ciencias naturales proviene de países con mayores recursos para esos estudios, hubo que recurrir a actores de otros lugares del planeta para completar la historia.

De ese modo, llegamos a las cuatro palabras claves plasmadas en el título de este libro: Vida (pero no aislada, ya que las rocas son el sustrato de la vida, las páginas del libro del tiempo); Evolución (porque es el marco indis pensable para interpretar las características de la vida); Historia Natural (que es el concepto general que describe a las formas de la vida) y Sudamérica (que es el cristal de nuestra lupa, nuestro punto de observación, la pupila de la iguana de la tapa).

Uno de los escollos con que tropezamos en Vida en Evolución y que arrastramos a lo largo de todo el relato es la escala de tiempo. El tiempo es una dimensión, para medirlo se utilizan calendarios, relojes y átomos con núcleos que al desintegrarse permiten dataciones exactas. También métodos relativos, que toman como referencia eventos geológicos, extinciones o restos fósiles de algún organismo particular que sirven de guía.

Con todo desenfado hablamos de millones de años como quien habla de lo ocurrido ayer o la semana pasada.

Nadie puede imaginar un millón de años. Ni siquiera los científicos. Tal vez quienes manejan millones de pesos pue den comparar lo que puedan hacer con un peso o lo que pueden hacer con un millón de ellos. Pero para la mayoría, esta unidad de medida está lejos de la escala humana, donde los años se cuentan por decenas o a lo sumo centenas, o por miles cuando hablamos de historia antigua. Por ello fue tan difícil reconocer la antigüedad del planeta.

Sin embargo las preguntas comenzaron a acumularse ¿Pudieron los grandes procesos geológicos desarrollarse en pocos milenios? ¿Pudieron formarse mares, elevarse montañas y cordilleras, para luego erosionarse hasta casi desaparecer? Hoy, la evidencia aportada por las rocas del fondo del mar, la radiactividad, la tectónica, los meteoritos y la evolución coinciden en que nuestro planeta tiene varios miles de millones de años.

A lo largo de todo el libro, donde abusamos descaradamente de los millones de años, utilizamos la sigla Ma (millones de años) para referirnos a ellos. Esto nos permite decirlo sin que nos mareen los ceros (Es más accesible mostrar 250 Ma que 250.0.0 de años).

Para ayudarnos, pensemos que cada generación humana comprende unos 20 años: supongamos que pudiéramos conocer en vida a nuestros abuelos, padres, hijos y nietos, con lo cual reuniríamos a cinco generaciones en unos 100 años. Suena mucho, ¿no? Bueno, necesitamos 10.0 de esos ciclos de 100 años para llegar a un millón de años, unas 50.0 generaciones humanas. Hace todo ese tiempo que los humanos salimos de África y nos dispersamos por el mundo; 65 veces ese tiempo ocurrió la extinción de los dinosaurios (65 Ma). Por otro lado, las rocas más antiguas conocidas, procedentes de Australia, tienen unos 4.300 Ma y las extraterrestres (de meteoritos), unos 4.600 Ma. La antigüedad del Universo se calcula en 13.400 Ma.

En este esquema, si se compara la duración total de nuestro planeta, unos 4.600 millones de años, con las 24 horas del día, la existencia de la humanidad apenas abarcaría los últimos 15 segundos, y los egipcios habrían cons truido sus pirámides hace un segundo. Aunque la nomenclatura parece estar resuelta para referirse a estos tiempos tan largos, interpretar qué es 1 Ma será un problema insoluble para nuestras mentes.

El otro problema al que nos enfrentamos es el de la terminología. ¿Cómo hablar de evolución sin recurrir a palabras importantes e impronunciables como la sistemática filogenética, la tectónica de placas, la acción de los genes Hox o las maravillosas formas de taxones como los diplocáulidos, los elpistostegalios o los disorofoideos? A pesar de la insistencia del editor en reducir los nombres o explicarlos en cada aparición, en muchos casos ha sido inevitable incluirlos.

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